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jueves, 2 de junio de 2011

GRAN CRONICA SOBRE EL DEPORTIVO :EL EQUIPO QUE DESAFIO A LA LOGICA













El 9 de junio de 1991 el Deportivo de la Coruña comenzó a desafiar a la lógica. Durante veinte años, el sentido común aceptó este desafío que le planteó un completo desconocido. Hasta el 21 de mayo de 2011. En esa fecha el Depor descendió a Segunda. Perdió la batalla. Pero en esas dos décadas de desafío constante, conquistó lo imposible.

Los gallegos llegaban al último partido con muchas opciones de quedarse en la máxima categoría de nuestro fútbol. Les valía un empate. Pero enfrente estaba el rival que más pesadillas puede despertar entre los aficionados deportivistas. Mismo escenario que en el fatídico penalti de Djukic en 1994. Última jornada y, aparentemente, todo a favor.

El equipo de Emery se adelanta nada más empezar el encuentro. Da comienzo una película de terror. Se empieza a mascar la tragedia en Riazor. El partido avanza. El resultado del Mallorca perdiendo en casa hace que un gol valga. Un gol y otro año más en Primera. Pero no llega. Y el pitido final va quedando más cerca en el tiempo.

Los jugadores lo intentan. César, portero del Valencia, tiene su noche y lo saca todo. Último minuto. Contraataque rival que acaba en el segundo gol. Riazor es un sepulcro. Se confirma. La tristeza es dueña del estadio. De los aficionados. De los jugadores. Del entrenador. Del presidente. Pero ese silencio triste da paso a un grito de orgullo y de esperanza. Un grito de ánimo de una afición a un equipo que la hizo soñar años atrás.

Los jugadores sobre el campo no se lo creen. El técnico, Lotina, asegura que ni el vestuario ni la afición se merecían eso. Y asume su grado de responsabilidad, que califica de “muy grande”. El Depor despide una temporada en la que sólo ha sido capaz de marcar 31 goles. El nulo olfato goleador del equipo es sin duda una de las causas que han llevado al equipo donde está.

Aunque lo cierto es que el club blanquiazul llevaba ya unos años a la deriva. Pero antes de que diese comienzo la decadencia, fue un equipo de referencia en Europa y en el mundo. Conquistó el corazón de sus aficionados y fue el segundo equipo de muchos aficionados. Primero fue el SuperDepor de Arsenio Iglesias. Después, el EuroDepor de Irureta. Ambos marcaron una época. Ambos fueron irrepetibles.

Todo comenzó ese 9 de junio de 1991. Ese día el Depor ascendía a Primera venciendo al Murcia por dos tantos. A pesar de todo lo vivido con posterioridad, Juan Luis Rodríguez Cudeiro, periodista de El País, lo elige como el momento más feliz de esos veinte gloriosos años. “Fue cuando más pleno me sentí. Tenía 23 años y nunca había visto jugar a mi equipo en Primera”, explica Cudeiro. Sin duda, aquel día supuso el inicio de la felicidad.

El primer año en primera fue duro y se salvó la categoría jugando la promoción contra el Betis. Esa misma temporada apareció en escena un personaje clave del SúperDepor: Arsenio Iglesias, “O zorro de Arteixo”, del que Marco Antonio Sande, periodista de la Cope, dice que “dio sentido común y experiencia a un grupo humano que contagió de simpatía y afecto a todos los aficionados de España”.

Con la permanencia, Lendoiro comenzó a soñar. Trajo a dos brasileños desconocidos que nadie sospechó que pasarían a la historia de ese equipo y del fútbol español. Se llamaban Bebeto y Mauro Silva. En su primera temporada, el primero fue pichichi y el equipo acabó tercero, clasificándose para competición europea por primera vez.

Para la temporada siguiente, llegaron hombres como Donato, Voro, Manjarín y Alfredo, que se mezclaron con los que ya estaban como Liaño, Djukic, Aldana o Nando, más los ya ídolos Mauro Silva y Bebeto. Tras una excelente campaña, el Depor vive uno de los episodios más trágicos de la historia de la Liga al fallar Djukic un penalti en el último minuto del último partido que le hubiera dado la Liga al Deportivo.

Precisamente esos “noventa y tantos minutos” que precedieron al penalti constituyen para Marco Antonio Sande su momento más feliz de las dos décadas de éxitos. Al año siguiente, el fútbol le concedió la venganza al equipo deportivista en forma de final de Copa. Jugaban contra el Valencia en el Santiago Bernabéu. A falta de 14 minutos, se suspendió el partido por el diluvio que caía sobre Madrid.

En la reanudación, tres días después, marcó Alfredo un gol que valía el primer título para el club de A Coruña. Al fin la afición podía tocar la felicidad y no sólo amagar con hacerlo como había sucedido con la Liga perdida. Arsenio dejó la celebración para los jugadores y anunció que dejaba el banquillo.

Aquello fue el final de un ciclo. El SuperDepor de Arsenio alcanzó la gloria al conquistar aquella Copa del Rey. Después dio comienzo otra etapa en la que el equipo mantuvo el nivel de forma considerable y llegaron jugadores como Rivaldo, pero el anuncio de Bebeto un año después de ganar la Copa diciendo que regresaba a su país, acabó por marcar definitivamente el adiós al SuperDepor que Arsenio había construido.

Cuando se buscan las claves de aquel éxito entre periodistas y aficionados deportivistas todos señalan la solidez de aquel grupo de jugadores. “Jugaban de memoria y todos conocíamos la alineación”, señala Patricia, aficionada del Depor. “Tenían claro quienes eran los futbolistas que desequilibraban y cada uno aportaba lo que sabía. En aquel equipo defendían todos hasta Bebeto” asegura Sande. Fran Hermida, de la Cadena Ser, menciona el acierto en los fichajes, sobre todo el momento “clave” en el que llegan Bebeto y Mauro Silva, que “revolucionaron” el fútbol del Deportivo.

Los dos años siguientes fueron los del boom de las televisiones. Los clubes recibieron considerables inyecciones de dinero y Lendoiro, como no, supo aprovechar aquello. Llegaron Rivaldo, Martins, Naybet, Songo´o, Djalminha, Luizao…y el equipo continuó estando en lo más alto. Ganó una Supercopa al Madrid ganándole los dos partidos y se quedó a las puertas de una final de la Recopa eliminado por el Paris Saint Germain.

Y en la temporada 98 llega Javier Irureta para hacer historia. Lo hace acompañado de jugadores que fueron clave en los éxitos que estaban por venir: Manuel Pablo, Hadji, Scaloni o Turu Flores. La primera temporada de Jabo se finalizó en la sexta posición, con posibilidades de Champions hasta la última jornada. Pero el gran premio llegó a la temporada siguiente.

El 19 de mayo del año 2000, ante la afición en Riazor, el Depor se proclamó campeón de Liga tras vencer por 2-0 al Espanyol con goles de Donato y Makaay. El fútbol devolvía a La Coruña lo que de forma tan cruel le había arrebatado años antes. La ciudad se echó a la calle para festejar el título. Nadie quería despertar de aquel sueño. El club entró en la historia, ya que, como señala Cudeiro, de El País, “Ligas sólo las han ganado nueve equipos y uno de ellos ha sido el Depor”.

Por primera vez en su historia, el Deportivo de la Coruña iba a jugar la Champions League. Una ciudad que apenas supera los 250.000 habitantes como es La Coruña estaba a punto de contemplar como su equipo se iba a codear con los grandes del fútbol europeo, y lo que era más increíble aún, como salía vencedor en muchos de esos duelos.

Además, con la participación en la Champions, la entidad recibió de nuevo una vital fuente de ingresos para garantizar el equilibrio económico después de los malabares que se habían realizado durante esos años por parte del presidente Augusto César Lendoiro.

En ese maravilloso año 2000, el Depor gana su cuarto título tras vencer al Espanyol en la Supercopa. Pero todavía quedaban más. Entre ellos, el sonado Centenariazo que llegó el 6 de marzo de 2002. Se disponía el Real Madrid a celebrar sus cien años de historia ganando la Copa en su propio estadio, pero no contó con el Depor, que se adelantó con un gran gol de Sergio y remató la faena con otro gol del mágico Diego Tristán.

Suma y sigue. Era el quinto título que conseguía el club gallego. Gracias a esa Copa, jugaron la Supercopa de España de nuevo y se la ganaron al Valencia con un global de 4-0. Sexto título para los gallegos. Todo se había conseguido en apenas ocho años.

Junto a los títulos, la afición vibró con su equipo en la Champions como nunca lo había hecho. Riazor asistió a gestas impensables hacía solo unos años. Y Europa contempló como este insolente desconocido tenía la desfachatez de profanar templos del fútbol como Old Trafford, Olímpico de Munich, Delle Alpi, San Siro, Parque de los Príncipes o Highbury. Se atrevían con todo porque no había nada que perder.

Para la memoria quedan encuentros míticos como la remontada en casa frente al Paris Saint Germain por 4-3 después de ir perdiendo 0-3. O meterle cuatro goles a todo un Milán contra el que se había perdido 4-1 en San Siro en el partido de ida. Precisamente, esta inolvidable victoria clasificó al equipo para las semifinales, donde se vieron las caras con el Oporto de Mourinho.

La Coruña soñaba con una final de Champions, pero no pudo ser. Tras un empate a cero en Portugal, el partido de Riazor se resolvió por un gol de penalti que marcó Derlei para los de Mourinho, que a la postre se proclamaron campeones de aquella edición de la Champions. Quedó en la memoria y en el corazón de todos los aficionados al fútbol este equipo que durante unos años se convirtió en el matagigantes de Europa.

Pero la felicidad tiene un único defecto: que se acaba. Y la época dorada del Depor se acabó también. Sucede en el año 2005. El equipo queda octavo y es eliminado en primera fase de la Champions League. Irureta anuncia su marcha y da comienzo la decadencia. Se comenzó a pagar todo el esfuerzo realizado durante esos años.

Las causas de la cuesta abajo que inicia el equipo son varias. Pero consultados varios periodistas y aficionados del equipo, hay una que destaca que no es ni más ni menos que la falta de dinero. Cudeiro considera que la clave del éxito fue “la audacia de Lendoiro, que se gastó un dinero que no tenía con la idea de que esos éxitos deportivos repercutieran en ingresos”.

Resulta evidente que con el reparto de las televisiones y los ingresos de Champions la jugada salió bien, pero, como confirma Cudeiro, “el bucle no puede ser eterno”. “Todo lo que sucede ahora es lógico, es el precio de la fiesta que nos dimos” sentencia el periodista de El País.

Es una opinión que comparten algunos de sus colegas en la ciudad coruñesa. Es el caso de Fran Hermida, que define lo sucedido como la pescadilla que se muerde la cola con menos ingresos- venta de jugadores- pérdida de potencial- mayor dificultad para volver a entrar en Champions. Algunos apuntan también, debido a esa falta de dinero, una mala política de fichajes en la que las llegadas no estaban a la altura de las salidas.

Otro punto en común a la hora de analizar las razones del bajón es la nula falta de apoyos por parte de las instituciones públicas. De eso se queja Sergio, aficionado deportivista. Su opinión es la de muchos. Marco Antonio Sande va más lejos aún al afirmar que “las instituciones públicas y privadas no solo le dieron espalda al club sino que, en algunos casos, impidieron que otros lo hicieran”.

A la hora de buscar responsabilidades directas por el descenso a Segunda, se asume que la culpa no es de una única persona, sino que es repartida. Muchos se centran en Lotina, por haber dejado a Valerón en el banquillo tanto tiempo y por su poco olfato para los fichajes. Aunque Cudeiro lo excusa en parte y explica que “si la gente conociera cual es la estructura técnica del club en cuanto a seguimiento de jugadores no daría crédito”.

Fran Hermida apunta a las “carencias de la plantilla y a la responsabilidad de quién la confecciona”. Marco Antonio Sande califica el descenso de “injustificado” al considerar que la plantilla “está más que capacitada para jugar en Primera” y considera culpable “principal” a Miguel Ángel Lotina.

La mayoría prevé un desmantelamiento de la plantilla. Valerón y Manuel Pablo, estandartes, se quedan. Se luchará, según parece, porque se queden Aranzubía y Colotto. Con los demás como Lopo, Antonio Tomás, Adrián o Guardado se irá viendo lo que sucede según vayan llegando las ofertas. También hay que contar con los canteranos, de entre los cuales Patricia, aficionada del equipo, destaca a David Añón.

Ahora el objetivo es conseguir el retorno lo más pronto posible. Sande cree que el Depor parte como “favorito indiscutible” en Segunda División. Fran Hermida se muestra categórico: “Se puede volver en un año a Primera. Es más, se debe”. Cudeiro lanza un consejo que puede resultar útil para todos los aficionados deportivistas: “Hay que estar preparados para perder y tolerar la derrota. No hacer un drama de que te pueda ganar, por ejemplo, el Huesca. Endurecerse”.

La Coruña está triste. “La ciudad está tocada, porque el sentimiento hacia el equipo siempre ha sido muy fuerte, explica Cudeiro. Para Sande, la ciudad lo lleva “con resignación, pero con entereza e ilusión”. Hermida cree que lo sucedido es un golpe “a su autoestima y al amor propio”. El periodista de la Ser advierte incluso de que muchos puestos de trabajo, incluidos de periodismo, pueden estar ahora en el aire.

Ha finalizado una época gloriosa. Veinte años que permanecerán en el recuerdo de todos los aficionados. Veinte años de sueños imposibles. Veinte años desafiando a la lógica. Entre el 9 de de junio de 1991 y el 21 de mayo de 2011 el Deportivo de la Coruña protagonizó uno de los más bonitos cuentos de hadas que jamás se hayan visto en la historia del fútbol mundial. Se espera su pronto regreso a la élite. De momento, se despide con un “hasta luego” cargado de ilusión y fe en el futuro. Hasta pronto Depor. por Guillermo saenz, Vavel

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