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martes, 14 de julio de 2020

UNIDAD Y ESPERANZA EN EL MOMENTO MÁS DELICADO

Hace algunos años, cuando en la primera temporada de Lotina el Depor se fue al pozo y salió de él tras una victoria en Riazor frente al Valladolid, el entrenador decía que su vestuario no tenía “síntomas de descenso”. Que los ‘chavales’ eran unos tipos fenomenales y que solo faltaba la suerte para salir de la situación.
A base de cinco defensas y una vuelta y media de tuerca el Depor hizo una segunda parte de la liga de cine y se metió en las previas europeas.
Cuando hablaba de esos “síntomas de descenso” se refería a que no había mala sintonía en la caseta coruñesa más allá de los momentos puntuales de discusiones por calentones que, por otra parte, son habituales en todos los órdenes de la vida.
Ahora mismo posiblemente debamos ceñirnos a esta última valoración. Si el partido ante el Extremadura fue desastroso, para olvidar, el ‘postpartido’ no lo fue menos. Jugadores, cuerpo técnico, directivos, andaban realmente febriles tras el 2-3 de Riazor y las broncas no se hicieron esperar en todos los estamentos.
A ello hay que sumar la espantada de Çolak, justo en el momento en el que menos se necesita que nadie haga aspavientos. El lunes fue duro dentro del club. Uno de los días más duros para todos los que trabajan en el Deportivo y, evidentemente, para su afición. 
Unidad
Por medio –no podía faltar– salió Lendoiro a pedir unidad con uno de sus artículos y se dio a conocer la convocatoria de la rueda de prensa de esta mañana, en la que el presidente estará ante los medios.
Las conversaciones, en frío, entre varios de los que habían elevado el tono tras el bochorno del domingo, se moderaron y se afinaron. Es de imaginar que alguno hasta debió pedir disculpas por los ‘berridos’ que sonaban en el perímetro del Estadio.
Y tras todas estas ‘ayudas’ hacia la tranquilidad, mensajes hacia la calma y la esperanza, pasos hacia la ‘normalidad’, el Deportivo se relame hoy las heridas y piensa en una auténtica final, la de Anduva, donde no se puede pensar más que en la victoria.
Los blanquiazules dependen de sí mismos para mantener la categoría. Tienen que vencer para que esto siga siendo así en la última jornada, si es que una victoria no certifica la permanencia, pero ha de ser en Miranda, no se puede esperar al último partido.
Por mucho que desde el club se pida ayuda poco puede hacer el aficionado, por no decir nada. No se puede ir a Riazor, no se puede montar un acompañamiento masivo, no hace falta explicar el momento por el que pasamos.
No están solos los futbolistas, pero sólo están ellos y el cuerpo técnico. El del viernes es uno de los partidos en la historia del club en la que la responsabilidad es, el cien por cien, del grupo. Para lo bueno y para lo malo. 

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